Submecanofobia: Miedo a objetos sumergidos…

 
   

 Las fobias están de moda… ¿Verdad? ¿Alguien?

Cada cierto tiempo, en internet parece resurgir una ola de contenido relacionado con fobias, y es comprensible: pocas cosas son tan interesantes como los misterios de la psique humana, especialmente en lo que respecta a los miedos irracionales o desmesurados que definen lo que es una fobia. En mi caso, me veo personalmente afectado al ver contenido o imágenes relacionadas, como lo indica el título: submecanofobia.

Es imposible seguir adelante sin aclarar lo que por definición es la submecanofobia. De la mano de Wikibrief, “submecanofobia (del latín sub 'bajo'; y del griego antiguo μηχανή (mechané) 'máquina' y φόβος (phóbos) 'miedo') es un miedo a los objetos sumergidos hechos por el hombre, ya sea parcial o totalmente bajo el agua”. Esto significa que no solo se refiere al miedo a lo que se encuentra debajo del agua, sino también a objetos hechos por el hombre que se encuentran hundidos en las profundidades, no a criaturas gigantes y peligrosas.

Aquí tengo que hacer una aclaración: aunque al inicio mencioné que tengo esta fobia, no es de manera literal. Hay ciertos ejemplos que me incomodan (y en los que ahondaremos), mientras que otros, como naufragios o barcos, me son indiferentes. Como todo en la vida, las fobias son una escala de grises, y con un concepto tan amplio como el descrito anteriormente, es normal que si tienes submecanofobia no te veas afectado por cualquier objeto medianamente sumergido.

La submecanofobia se diferencia de otras fobias, como la talasofobia (miedo al mar), en que no es el desconocido lo que causa el miedo; los objetos suelen estar a la vista y se tiene una comprensión de lo que son. Sin embargo, la sensación de incomodidad persiste. Tampoco es tan “lógica” como la selacofobia (miedo a los tiburones), ya que, aunque todos hemos escuchado que estas criaturas son poco peligrosas, es difícil clasificar el miedo a un depredador tan eficiente y de gran tamaño como completamente irracional. Aquí, lo que provoca el miedo no es un ser vivo ni un concepto abstracto, sino un objeto inerte cuyo contexto genera esa reacción. Es decir, un barco o una máquina no encienden el miedo en sí; es la acción de sumergir ese objeto en agua—no necesariamente en el océano—lo que activa las alarmas más primitivas.

En lo personal, los casos que más me afectan no son los de embarcaciones o aviones que terminan en el fondo de un cuerpo de agua. Es verdad que me generan incomodidad hasta cierto punto, pero no miedo. Lo que realmente me interesa en este tema son los animatrónicos, esculturas, arte, engranajes, entre otros, que están sumergidos y olvidados, dejados al paso del tiempo. Muchos de ellos se encuentran en lugares abiertos, donde pueden ser descubiertos por cualquier incauto. Y todo comenzó con el siguiente video:

Es difícil no sentir incomodidad solo por el estado del animatrónico o lo dudoso de su diseño; el hecho de encontrarse debajo del agua, en un entorno en el que es imposible divisar el resto de la criatura, deja mucho a la imaginación. Lo que vimos es, en realidad, una recreación del Bunyip, una criatura del folclore australiano cuya historia, según su página oficial de turismo Murray Bridge, va así…

“El Mulyawonk (El Bunyip)

Para el pueblo Ngarrindjeri, el Bunyip es conocido como el Mulyawonk.


Aunque la historia de creación del Mulyawonk puede variar de clan a clan, la historia de creación Ngarrindjeri dice, en parte:


En tiempos lejanos vivía un Korni (hombre) Ngarrindjeri que era codicioso y pescaba demasiados peces de los que realmente necesitaba.


Los ancianos no estaban contentos con este hombre egoísta que no respetaba las leyes de pesca Ngarrindjeri.


Tan enojados estaban con él que, como castigo, lo convirtieron en el Mulyawonk: una criatura mitad pez, mitad hombre, y lo desterraron al río para siempre.


Se les dice a los niños Ngarrindjeri que nunca naden solos ni tomen más peces de los que puedan comer del río y los lagos.


Si nadas solos o eres codicioso al tomar demasiados peces, entonces el Mulyawonk te atrapará.


Esta historia enseña a los niños la seguridad en el agua y el respeto por los peces del río y los lagos.


Uno de los hogares del Mulyawonk está en una cueva en el río cerca de Tailem Bend.


La palabra Bunyip tiene sus orígenes en el idioma Wemba-Wemba o Wergaia de los pueblos aborígenes del sureste de Australia.


Se puede decir que durante la ocupación europea, los aborígenes advirtieron a los europeos sobre los peligros de nadar en ríos y lagos, y que ciertas áreas estaban prohibidas para visitar; si lo hacías, te convertirías en víctima de un Bunyip (el Mulyawonk en la tierra Ngarrindjeri y el río Ngarrindjeri Moorundi).”

La historia explica el razonamiento detrás de dicha obra macabra, cuyo lugar de descanso terminó siendo descuidado, lo que llevó a que en algún momento se viera como en el video. Otro de mis casos favoritos es el de un dragón de una antigua atracción de Disney World, que incluía un dragón en una sección acuática. Al cerrarse la atracción, el dragón acabó en las siguientes condiciones:


Si las imágenes en sí no provocan una reacción de rechazo por sí solas, déjame ponerte en mis zapatos y tratar de explicarte. Imagina la situación en la que, por cualquier motivo, te encuentras explorando, o peor aún, perdido en un lugar con agua hasta los tobillos, en una especie de laberinto a medio iluminar. De pronto, al cruzar, te encuentras nada más y nada menos que con un cuerpo escamoso cuyo tamaño te supera en proporciones indescriptibles y que no puedes llegar a discernir porque está medio sumergido. Al iluminar con tu linterna, llegas a la cara; nada sucede, pero… ¿y si…?

Compilación de imágenes relacionadas:


Para aquellos que deseen poner a prueba su propia percepción sobre la submecanofobia, les recomiendo explorar esta intrigante playlist de videos:
Estos clips ofrecen una variedad de ejemplos que pueden generar incomodidad y reflexiones sobre el miedo irracional que provocan los objetos sumergidos.

Y así, con esta exploración de miedos y curiosidades, me despido. Espero que este artículo haya despertado su interés por las complejidades de la psique humana y, especialmente, por el fascinante fenómeno de la submecanofobia. ¡Hasta la próxima!

Escrito por: Juan-Fer Menéndez 

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